La mesa política del oficialismo volverá a reunirse este viernes en Casa Rosada para definir la estrategia parlamentaria de cara al tratamiento de la reforma laboral en febrero. El encuentro expone las dificultades del Ejecutivo para consolidar apoyos y deja al descubierto tensiones con gobernadores y actores sindicales.
La convocatoria reunirá a figuras clave del oficialismo con el objetivo de ordenar el discurso y delinear una hoja de ruta que permita avanzar con el proyecto de “modernización laboral”, aún cuestionado por distintos sectores. La ausencia de consensos sólidos obliga al Gobierno a reabrir negociaciones con mandatarios provinciales, incluso entre aquellos considerados aliados.
Uno de los focos de conflicto es el impacto fiscal de algunos artículos vinculados al Impuesto a las Ganancias, que podrían reducir recursos coparticipables para las provincias. La posibilidad de una menor recaudación generó reparos públicos y obligó al Ejecutivo a evaluar mecanismos de compensación.
Gobernadores en alerta y malestar creciente
El ministro del Interior intensificó contactos con gobernadores en busca de respaldo político, aunque el escenario sigue siendo incierto. Desde algunas provincias advierten que el proyecto perjudica sus finanzas y afecta intereses estructurales. La falta de una propuesta clara de compensación profundiza la desconfianza y condiciona cualquier acuerdo.
Mientras sectores del oficialismo insisten en que la reforma generará beneficios indirectos a través del crecimiento económico, en las provincias prima la cautela frente a promesas sin respaldo concreto.
Agenda legislativa recortada
La reunión también abordará el alcance del temario de las sesiones extraordinarias. La reforma del Código Penal quedaría fuera, al igual que otras iniciativas que originalmente integraban el paquete legislativo. La estrategia oficial evidencia un repliegue: menos proyectos, mayor concentración en un objetivo que aún no logra consenso.
Incluso dentro del propio espacio libertario persisten diferencias sobre la redacción final del proyecto. Se analizan posibles modificaciones para atraer apoyos de bloques dialoguistas, lo que expone la necesidad de ajustes sobre una iniciativa presentada inicialmente como innegociable.
Una gestión que ajusta expectativas
Con el regreso de la actividad política tras el receso, el Gobierno busca reordenar su esquema de conducción interna. Sin embargo, la reducción progresiva de su ambición legislativa y la presentación de retrocesos como logros generan cuestionamientos incluso dentro del propio oficialismo.
La reforma laboral aparece así no solo como una discusión técnica, sino como una prueba política para un Ejecutivo que enfrenta límites concretos en su capacidad de construcción de mayorías.


