Sebastián Bouzada, presidente de Capper, destacó la importancia de que haya financiamiento acorde y políticas de infraestructura que permitan crecer. Marcó como desafío la agenda ambiental en la provincia, reconoció la preocupación por las importaciones y señaló la necesidad de avanzar en los mercados externos. Por Nahuel Amore
El sector porcino de Entre Ríos se aferra a la idea de consolidar y expandir su base productiva que hoy supera ya las 30.000 madres. “Con algunas líneas de financiación veremos si logramos avanzar sobre las 35.000 madres”, apuntó Sebastián Bouzada, presidente de la Cámara de Productores Porcinos de Entre Ríos (Capper). Para que ello suceda, planteó los desafíos que permitan no sólo aumentar en cantidad, sino avanzar en un proceso de mayor industrialización con generación de trabajo.
“Seguiremos trabajando con la visión de cadena: pasamos de un 80% de capones en pie que se destinaban a la venta fuera de la provincia hace 10 años a un 60/65% hoy. Es decir, hay mayor retención de capones dentro de Entre Ríos que se están industrializando, despostando, elaborando chacinados; agregando valor y dando más empleo dentro de la provincia”, destacó en diálogo con DOS FLORINES.
Desde esa perspectiva, enfatizó que el desafío es que, “así como se crece en madres, debemos seguir en esta senda, que se sigan reteniendo capones y se industrialice la producción dentro de la provincia. Así como convertimos el maíz en capones, el desafío es que esos capones se conviertan en productos de mayor valor agregado”.

Agenda provincial 2026
Dentro de la agenda, Bouzada destacó el trabajo a través del Ministerio de Desarrollo Económico en distintos temas, en especial la aprobación de la nueva ley de Gestión Ambiental de las Actividades Económicas. “Es una ley que tiene muchos puntos que se pedían, como los certificados de aptitud ambiental con mayor duración, un certificado único y el trámite digital que celebramos”, expresó, y acotó que mejora varios aspectos respecto de la normativa vigente.
Hacia delante, dijo que será clave la reglamentación para ponerla en práctica y “que apunte a las producciones desde un concepto de sustentabilidad que defendemos”. En ese sentido, consideró que un tema importante es el tratamiento de efluentes de las granjas, para ser contemplado como un componente de valor agronómico si se utiliza para fertilizar.
En cuanto a infraestructura, planteó la importancia de mejorar los caminos rurales. “La provincia entera tiene un gran desafío y particularmente nuestro sector que es intensivo”, sostuvo. Además, mencionó el pedido de extender el tendido de luz trifásica “dado que hay granjas que siguen trabajando con bifásica o monofásica”, lo cual termina atentando contra las inversiones.

Importaciones vs exportaciones
El presidente de Capper advirtió que “las importaciones preocupan al sector”, aunque reconoció que las regulaciones no alcanzan a resolver el problema. Por ello, planteó la necesidad de ser más competitivos y crecer en exportaciones. “Tenemos que apuntar a tener una balanza comercial positiva. Hoy estamos lejísimos de eso, es totalmente negativa la balanza del sector porcino. Debemos ver cómo retomar la senda de la exportación para intentar desarrollar los mercados que se lograron llegar, sobre todo China”, consideró.
Sobre este tema, se refirió a los límites del mercado argentino: “Hay que tener al mercado externo como un cliente más y no quedarnos solamente con el consumo doméstico. Si solamente miramos eso, el mercado al que apuntamos queda chico y la cadena sola se va a estar acotando. Afuera hay demanda y debemos ver cómo llegar a esos mercados”, expresó.
En otro orden, coincidió en la importancia de avanzar en una reforma laboral e impositiva que se debate en el Congreso nacional. “Los costos en este tipo de producciones vienen complicados y estas reformas deben apuntar a proteger las cadenas de producción y el empleo que generamos”, apuntó.

Qué hace falta: financiamiento
El sector porcino pone en valor su historial de crecimiento sostenido, fruto en gran parte de la inversión y reinversión de familias que decidieron agregar valor en origen. Desde ese punto de vista, no pierden de vista la necesidad de contar con líneas de financiamiento accesibles que permitan crecer y ser más eficientes, más aún en momentos de números muy finos.
Bouzada lamentó que “en los últimos años no han salido líneas que hayan sido tentadoras”. En lo que respecta a 2026, señaló que están recibiendo propuestas con “plazos más adecuados”, sobre todo desde el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), pero instó a que haya un volumen mayor de créditos con mayores facilidades.
Sobre este tema, recordó: “En el sector porcino, desde que uno empieza una ampliación o granja nueva, lleva dos años y medio hasta que empiezan las ventas de esos proyectos. Es decir, los tipos de financiación necesitan plazos de pago bastante largos y con un período de gracia de por lo menos un año”. “Es necesario traccionar proyectos nuevos”, cerró.


